Huellas de Africanía
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“Huellas de Africanía” en Colombia

Los africanos que llegaron esclavizados a América realizaron una reinterpretación de su memoria africana, contribuyendo a la producción de nuevas culturas en América.

Cinco siglos han transcurrido desde cuando los primeros africanos, como resultado de la esclavización y la trata trasatlántica, llegaron a América; un crimen de lesa humanidad vigente durante 350 años. Sin embargo, la presencia africana en América ha sido relegada a una invisibilidad histórica. Es decir, las dimensiones económicas, sociales, políticas, demográficas, lingüísticas y culturales de este comercio de seres humanos no han sido del todo reconocidas, ni cómo ellos y sus descendientes contribuyeron a forjar el continente. La gente esclavizada no era considerada gente sino mercancía; y la mercancía se intercambia, se dispone, se usa pero no tiene voz, cultura, historia ni memoria.

Aquiles Escalante (1954) señala:

Hasta hoy todo el interés de los antropólogos ha sido por el amerindio; poco o ningún esfuerzo se ha hecho por el estudio del tronco étnico negroide, olvidando que él ha teñido la piel de una gran cantidad de compatriotas y engrosado la ancha corriente del europeo y el indígena con el rico haber cultural de que era portador (en Friedemman y Arocha 1986: 46-47).

En un esfuerzo por combatir la asimetría de la noción de ‘diversidad cultural’ (tan fundamental para la política pública luego de 1991) dentro del mismo desarrollo de la antropología en Colombia, Nina S. de Friedemann posicionó a los descendientes africanos como sujetos dignos de indagación etnohistórica y a sus idiomas y formas dialectales en temas fértiles de la investigación lingüística. Esto implica un reconocimiento como creadores en los escenarios de la cultura, la sociedad, la lengua y la literatura, en donde es posible vislumbrar una presencia africana, y es por ello que se habla de huellas de africanía.

Esas personas hacen una cosa que es excepcional en el mundo y es haber producido nuevas culturas en América o en la India o donde llegaron. Esas nuevas culturas están hechas de retazos de la memoria. Retazos porque muchas de las personas que llegaron no habían completado su proceso de socialización, estaban en el proceso de formación. Entonces aquí esas culturas fueron hechas a partir de retazos, de los retazos con los cuales llegaba la gente, retazos ya fuera por la edad de las personas o porque no tenían el apoyo del grupo social para ser (Entrevista a Jaime Arocha, 14 de octubre de 2014 [editada]).

La memoria fue el mayor patrimonio de los capturados, en especial al comienzo de la trata (…) Una mayoría de postadolescentes, cuya formación por lo general estaba lejos de concluir, se bajó de las naves con recuerdos que aplicó a las riquezas del nuevo continente y a las artes de indios y españoles, hasta ir haciendo culturas nuevas. Éstas ostentaban el legado africano, pero no eran africanas; dejaban ver los préstamos de América y Europa, pero no eran ni americanas ni europeas (Arocha 1999: 38)

No es afirmar que los cautivos en América clonaron sus legados africanos. Pero en las culturas afroamericanas hay rastros y vínculos con África; razón por la cual se habla de huellas de africanía para referirse a que en la creación de nuevas culturas hay una reinterpretación de su memoria africana. Muestra de ello son los ombligados de Ananse o las maneras de adorar ánimas, santos, vírgenes y a Dios, por mencionar dos (pero también podríamos incluir las danzas en el Carnaval de Mompox, el Carnaval de Barranquilla, la lengua de San Basilio de Palenque, entre muchas otros).

La ombligada tiene dos patas. Una es cuando la mujer queda encinta, entonces siembra un árbol en la zotea, que es esa canoa desechada en la cual las mujeres ponen tierra de hormiguero y cultivan cosas. En la zotea están las plantas medicinales, los condimentos y una planta sagrada que es la que va a sembrarse cuando la mujer quede en cinta; de tal manera que la barriga de la mujer y su arbolito van creciendo de manera sincronizada. Cuando el niño o la niña nacen entonces la partera o el marido hace un hueco en la tierra, siembra la placenta en la cual venía el bebé y siembra encima la planta que estaba creciendo en la zotea de la mujer. Y de ahí en adelante el niño o la niña van a llamar mi ombligo a ese árbol que crece con ellos.
Dos, cuando se desprende el ombligo del bebé se cura, se la hace una curación con polvitos, pero los polvitos se preparan con aquellas sustancias a las cuales los padres esperan que influyan sobre la personalidad del niño. Y en el caso de la araña se ombliga con el exoesqueleto de la araña. La idea es que niño o la niña a medida que van creciendo tengan los valores de la astucia y la insumisión de la araña.
Ananse es la araña insumisa, bisexual, rebelde, astuta; esa araña que nace posiblemente del proceso del proceso de escalv ización de la gente de Ghana y Costa de Marfil. Esa araña pervive en el Baudó, en el Chocó, en el Caribe y prácticamente en la región norte de Suramérica. La última vez que yo estuve haciendo trabajo de campo fue en Raspadura, cerca a Istmina y ahí estaba Ananse (Entrevista a Jaime Arocha, 14 de octubre de 2014 [editada]).

Ananse es un héroe cultural de la gente akán de Ghana y Costa de Marfil, quien se encarna en una araña insumisa cuyas artes de astucias la permiten vencer a enemigos más grandes y poderosos (Arocha 2009: 12); es un animal que los esclavizados deificaron por su autosuficiencia pues de su propio cuerpo teje una casa que además le sirve para procurarse alimentos (Arocha 1999: 16). Los ombligados de Ananse son los iniciados en la hermandad de Araña, el dios y diosa de los pueblos fanti-ashanti del golfo de Benín (Arocha 1999: 13). “Sorprendida, la historiadora africanista Adriana Maya me dijo: ¿Has oído? Ananse, Miss Nancy, la araña de San Andrés, la araña de los fanti también está aquí. ¿Te das cuenta de las implicaciones de este hallazgo?” (Arocha 1999: 18).

A comienzos del siglo XVII, y aún tres siglos después, en el XX, ni curas ni frailes ni inquisidores ni científicos sociales se habían dado cuenta de que numerosas deidades africanas habían descendido, junto con los niños, hombres y mujeres, de los barcos negreros (…) En América, orichas o deidades de las religiones africanas llegaron con los esclavos y se refugiaron tras los santos católicos (Friedemann y Arocha 1986: 384, 390)

Entre el 2006 y el 2008 la Curaduría de Arte e Historia del Museo Nacional de Colombia, el Grupo de Estudios Afrocolombianos del Centro de Estudios Sociales (CES) de la Universidad Nacional de Colombia, la Dirección de Etnocultura del Ministerio de Cultura y un grupo de profesionales afrocolombianos, palenqueros y raizales trabajaron conjuntamente en la investigación, análisis y curaduría etnográfica, histórica y artística de la exposición “Velorios y santos vivos. Comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras”.

La exposición muestra las maneras de adorar ánimas, santos, vírgenes y a Dios. Es una exposición de siete retablos con sus respectivas mariposas, moños, velos, estrellas, soles, coronas, flores, cancioneros, himnarios, luminarias e imágenes santas que permiten la comunicación entre los vivos y sus antepasados. A pesar de la diversidad de lenguas y orígenes de las comunidades de ascendencia africana que llegaron a Colombia, todos esos pueblos coinciden en considerar a los antepasados parte de las familias vivientes y en tener cultos muy complejos en honor de los ancestros. Dichas tradiciones tienen una raíz antigua, influida por las prácticas de la gente de África occidental y central.

Fuentes:

  • Entrevista a Jaime Arocha, 14 de octubre de 2014.
  • Arocha, Jaime, ed. (2009) Nina S. de Friedemann: cronistas de disidencias y resistencias. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales.
  • Arocha, Jaime (1999). Ombligados de Ananse: hilos ancestrales y modernos en el Pacífico Colombiano. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales.
  • Friedemann, Nina S. y Jaime Arocha (1986). De sol a sol: génesis, transformación y presencia de los negros en Colombia. Bogotá: Editorial Planeta
  • Museo Nacional de Colombia (2008) Velorios y Santos Vivos: Comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. Catálogo Exposición.

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