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LA CHAGRA

La primera vez que pisé una chagra en mi vida, en el resguardo Ticoya, ubicado al sur del trapecio amazónico, sobre el río Amazonas, o como dicen los habitantes locales: “donde se dibuja una colita de pescado en el mapa de Colombia”, yo no podía creer lo que mis pies pisaban, lo que mis ojos veían. Un sistema autosostenible de cultivo, distribución de la tierra y manejo del territorio cuyo principio se sustenta en el trabajo colectivo y respeto por los ciclos naturales de la tierra: LA CHAGRA.

En Colombia, donde tanta sangre ha corrido por la titulación de miles de hectáreas de tierra fértil en pocas manos, el sistema de la chagra apropiado por distintas culturas indígenas de la región amazónica se erige como un ejemplo significativo de un uso razonable, respetuoso y equitativo de la tierra.

Los resguardos indígenas en Colombia son sistemas de propiedad colectiva de los territorios y de los recursos naturales inscritos dentro de su límite, los indígenas que resguardan estos territorios –tal vez de allí podamos entender por qué se llaman resguardos- tienen autonomía política, administrativa y jurisdiccional desde tiempos ancestrales, si bien hasta hace poco, en la Constitución Política de Colombia de 1991 se reconoció legalmente este fuero en sus artículos 63, 246, 286 y 287. Las chagras se ubican al interior de los resguardos indígenas, y más que ser un sistema muy complejo de cultivo es, como nos explicó doña Norma Yaicate, habitante de la comunidad de Ticoya: “una cultura para los Tikuna”.

¿Pero qué nos quiso decir doña Norma cuando nos explicó que la chagra es una cultura? Nada más y nada menos que la fuente de vida, el epicentro social y el centro de producción alimentario de toda la población habitante de este resguardo indígena. El investigador del instituto SINCHI Luis Eduardo Acosta, quien ha dedicado años enteros de investigación para comprender estos complejos sistemas de producción, específicamente en el corregimiento de la Chorrera, complementa la explicación de doña Norma: “Nosotros hoy tenemos el convencimiento que los sistemas de producción de la chagra muy difícilmente se pueden seguir evaluando desde el punto de vista meramente agronómico, sino que hay que echar mano efectivamente a comprender que son sistemas de producción sociales y culturales (…) Esta investigación nos permitió comprender las diferentes etapas de la chagra, desde que se hace la apertura de la chagra, las etapas de la siembra y de cuidado de la misma pues tiene que ver un manejo del mundo de los pueblos indígenas en sus territorios”.

La chagra se hace y se siembra según la capacidad que tenga cada familia de levantarla, cuidarla, mantenerla y dejarla en descanso. Mientras uno va caminando por la selva, sin ser oriundo de la región, desprevenidamente se va topando con varias chagras sin percatarse de ello a ojo de foráneo. Se encuentran los rastrojos que son los terrenos en descanso mostrando las señales de los cultivos recién apagados que saben leer y respetar las y los indígenas. Con esta lectura del territorio, de los rastros que dejan las hojas recién levantadas, los habitantes locales mantienen un código de respeto por el trabajo ajeno, reconociendo los límites de una chagra trabajada por otra familia que no sea la propia, en caso de lo cual, ese terreno y esa producción no se toca, a menos que se convoque una minga para meterle mano colectiva. No existen los alambres, las púas, las cercas, ni las puertas; en el resguardo indígena es literal que la tierra es de quien la trabaja. Nos cuenta don Jesús “Chucho” Silva, habitante de la comunidad de San Francisco en el resguardo Ticoya, cómo se hace la división de la tierra para la selección de las chagras: “Tradicionalmente es dependiendo de mi capacidad, si yo tengo capacidad para sostener una chagra grandísima, si tengo la necesidad de coger más tierra para seguir aumentando mi cosecha y está en mi capacidad de cogerla, entonces hasta donde yo trabajo, eso los demás me deben respetar y la autoridad le certifica que eso es de la persona. Entonces que si alguien me toca yo voy y le digo al curaca, y le digo que aquel me está tocando las cosas que me pertenecen”.

El proceso de levantamiento y sostenimiento de la chagra conserva el principio de ubicar un terreno fértil que no esté siendo utilizado por ninguna otra familia, y al decir fértil nos referimos a una tierra que esté descansada lo suficiente como para volver a producir nuevamente, un periodo de descanso entre 10 y 15 años, cuando los árboles están grandes y dan la señal de aprobación para sembrar nuevamente. Jesús Andrés Silva un joven habitante de la comunidad de San Francisco nos explica los pasos en el levantamiento de la chagra: “Al comienzo la chagra tiene un proceso muy práctico, lo primero es el deshierbamiento de todo lo que se ve por aquí, todos los pastos, después se sigue con la tala de los árboles, como pueden ver este árbol aquí caído es de los más grandes que producen sombra al terreno para que la luz solar caiga directamente hacia las plantas para que puedan tener mayor captación del sol. El tercer paso vendría siendo el picamiento, que es despedazar los pedazos de árboles, porque eso también nos sirve como aporte de abono a nuestro terreno, porque con el tiempo ellos se degradan y forman abono orgánico. El cuarto paso vendría siendo lo que es sembrar las plantas, el plátano, la yuca, las cañas y todo lo que se dé aquí, al pasar un tiempo se da la primera cosecha, vuelve y se siembra la segunda y en cada cosecha se quitan los pastos y la última cosecha vendría siendo la tercera cosecha y después se deja lo que es el rastrojo que es que nosotros guardamos la tierra o la dejamos descansar para que cuando nosotros volvamos ya tenga los mismo nutrientes.”

Es fundamental para el inicio de la chagra tener en cuenta dos condiciones: primero, la chagra se levanta con una minga y segundo, se levanta en familia. William Silva, un joven de la comunidad Ticoya nos cuenta: “Siempre para hacer una chagra, uno debe comenzar con una minga porque uno debe de buscar una selva más virgen, donde los productos puedan crecer bien sanos y dar buenos frutos, y entonces uno debe comenzar con una minga porque el monte es duro para que la gente comience a cultivar en el monte y hay que hacer minga para tumbar los árboles y uno empezar así en familia uno puede trabajar empieza a recoger las ramas a limpiar la chagra para poder sembrar. Uno con la chagra ya está muy concientizado que es la familia, uno sin familia no puede, siempre se necesita como el lazo familiar, uno puede emprender una chagra, bueno ya tiene que tener la mujer, que le diga bueno que vamos a comer y la independencia de los papás, la chagra se desarrolla cuando uno se separa de los papas, uno ya tiene una pareja, una familia es ya casi obligatorio tener una chagra. Porque mientras uno vive con los papás pues obviamente uno ayuda a los papás y uno se aprovecha de lo que produce la chagra”.

A pesar de que en el Amazonas los suelos son muy ácidos y por lo tanto, muy poco fértiles, los habitantes de esta región, entre quienes se cuentan varias culturas indígenas como los ticunas, los yaguas, los cocamas, los huitotos, lo muinanes, los bora, los ocainas, entre otros; han logrado domesticar estos suelos a partir de la comprensión de los ciclos vitales que en ellos se soportan, con la idea de renovar periódicamente su etapa de productividad, y de manejar policultivos, es decir, varios productos en una misma área cultivada, donde la yuca y el plátano constituyen la base alimentaria. La chagra como una tecnología ancestral ha logrado sobrevivir varios siglos, sin que exista ni asomo de ser reemplazada por ningún otro sistema agroalimentario, pues alrededor de ella no sólo se celebra la soberanía y la seguridad alimentaria de los indígenas del Amazonas, sino que a través de ella se construye comunidad y cobra sentido el mundo de los seres vivientes. En palabras de don Jesús Silva: “Para que cada Tikuna tenga la fortaleza de convivir con la naturaleza y saber cómo convivir con ella, porque todos los conocimientos vienen de la naturaleza, cada planta es muy importante en el mundo, cada animal tiene su función en la naturaleza, si una especie se agota, lógicamente que nuestra madre tierra va ir agotándose, se va ir debilitando cada día más”.

Juan Gabriel Silva, un joven de la comunidad Ticoya nos comenta sobre el futuro de la chagra: “La chagra a pesar de que no genera un capital sostenible para las familias, uno se cosecha los productos y se sacan al mercado, porque es muy difícil porque es una zona donde mucha, mucha gente está acostumbrada a sembrar entonces sacar los productos al mercado es muy difícil que uno pueda venderlos todos. Entonces, la gente está muy arraigada en las chagras, la economía de la gente, el sustento de la gente proviene de la chagra, hay gente que tiene mucha conciencia de eso, lo que a mi modo de ver es que la gente va a tener para mucho, mucho, mucho tiempo antes de que la gente ya no quiera dedicarse a la chagra porque la gente dice que no me produce plata, necesito moverme, comprar muchas cosas y yo pienso que no, porque a pesar que la chagra no genera un excedente de dinero entonces sí genera la unión, el vínculo familiar genera el sustento y pienso que cuidar la chagra es muy importante, muy fundamental en el núcleo familiar”.

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