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RAZONES PARA LA ESPERANZA: EL LEMA PARA LA COLOMBIA RURAL EN EL S.XXI

¿Quién dijo que la esperanza está perdida? Veamos a continuación una gran propuesta de investigación liderada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD en su Informe de Desarrollo Humano 2011, para analizar cómo ha cambiado el campo colombiano y cómo lo entendemos hoy en día

Un problema central que ha atravesado a la sociedad colombiana de principio a fin durante el S.XX ha sido el conflicto agrario, el conflicto por la tierra y las extremas limitaciones que ha vivido la población rural para acceder a la modernidad en Colombia. Si bien ocupó un lugar central en la agenda pública y en la agenda académica hasta los años 80, en los últimos 30 años había desparecido de las prioridades en investigación y en inversión de recursos públicos, e inclusive hablar del problema de la distribución de la tierra en Colombia era casi un anacronismo, pues el referente de las sociedades rurales en las últimas décadas se limitaba a atender la emergencia humanitaria vivida en el campo a razón del conflicto armado.

Fue así como en el año 2011, el Programa para las Naciones Unidas en Colombia, PNUD, publicó el Informe Nacional de Desarrollo Humano titulado “Colombia rural. Razones para la esperanza”. Un informe cuyo mensaje era claro, en palabras de la Coordinadora Tania Guzmán: “Colombia es más rural de lo que pensamos, esa fue la idea original, pero como resultado de todo el proceso de investigación, no podíamos mandar un mensaje de que todo era una catástrofe, porque en general lo que uno encuentra lamentablemente es que hay una condición de vulnerabilidad enorme en el campo colombiano que es muy parecida a una catástrofe, pero si esto es terrible qué debemos hacer para mejorar todas esas condiciones, entonces tuvimos que hacer el esfuerzo como equipo, esto tiene que tener algunas razones para que haya esperanza, pero fue buscando la cosa, “bueno, ¿Qué hay?” una cantidad de recursos humanos, naturales, etc. disponibles, una capacidad que ha construido el país a lo largo de varios años y que es un activo con el que se puede trabajar, hay un conjunto de organizaciones sociales que a pesar de las enormes dificultades de la violación de derechos humanos se han enfrentado, ha seguido, han persistido y están ahí construyendo alternativas, hay empresariado rural progresista e incluyente, había un cambio de actitud en el gobierno, entonces empezamos a pensar al armar parte del libro ¿cuáles son las razones que nos permiten decir que podemos salir de esta situación? Entonces en un trabajo de mesa con el equipo se empezaron a dar muchas ideas sobre la sociedad rural, y finalmente con el equipo de elaboración, la editora dándole vueltas dijimos, “es ahí, COLOMBIA RURAL, RAZONES PARA LA ESPERANZA”.

La elaboración del informe estuvo sujeta a tres procesos de construcción, el primero de consulta y diálogo público, el segundo de investigación académica, y el tercero de difusión y apropiación del mensaje. Participó un equipo académico de 11 personas con la dirección del profesor Absalón Machado, entre quienes se cuentan investigadores senior, estadísticos, investigadores de campo y comunicadores. En la fase de consulta y diálogo se visitaron 11 regiones del país, se habló con autoridades a nivel departamental, con gremios del sector, con organizaciones sociales y con la academia regional porque son actores muy importantes, que no encuentran suficientes canales de relación con autoridades nacionales. En la parte de investigación se contó con el apoyo de 17 investigaciones puntuales que abordaron la relación entre modelo de desarrollo, conflicto y sistema político.

Uno de los derroteros más importantes que marca el informe, es la discusión sobre qué es lo rural, y por qué no debe ser entendido como sinónimo de atraso y pobreza. Tania Guzmán nos explica: “Lo primero que se encontró fue una transformación del concepto de ruralidad, lo rural ya no es en la práctica lo opuesto a lo urbano, el campo embrutece y empobrece, es un concepto que construyó el país a lo largo de 40 años, de que la alternativa a la pobreza era la urbanización. En esa perspectiva el campo era considerado como algo malo y atrasado. Lo que se encuentra es que el campo es algo diferente a nivel mundial. No es lo opuesto a lo urbano. Surge en el marco de la construcción de territorio, hay matices entre lo urbano y lo rural que se mezclan. Crear un nuevo concepto más complejo de ruralidad, que no es lo opuesto a lo urbano sino una cosa integrada, donde no es solamente lo agropecuario sino una serie más de actividades que se llevan a diario. Donde el campo no es lo atrasado, lo incomunicado. NO DEBE SERLO”.

La problemática asociada a esta concepción negativa del campo se ubica en la adopción de un modelo de desarrollo que impulsó al país desde los años 70 a concentrar todos los esfuerzos por una urbanización acelerada, de espaldas al campo. Se produjo un impacto significativo y cambió la relación de la proporción demográfica entre lo urbano y lo rural, aunque la mayoría de población migró hacia las cabeceras municipales, lo que no significa que tuviera acceso a la vida urbana. La sociedad colombiana optó por un modelo anticampesino, pro empresariado en la ciudad, quedando el mundo rural netamente en manos de la actividad privada, dejando a la deriva la situación y vida de los sectores rurales. Eso produjo unos efectos de deterioro del desarrollo humano de los pobladores rurales, de brechas enormes entre lo urbano y lo rural, entre las regiones del país, de un modelo excluyente de género, étnico, depredador en términos ambientales. Así pues, la problemática del campo no está asociada exclusivamente al conflicto armado que vive el país, hay otras razones de fondo que explican su condición de atraso y vulnerabilidad. En palabras de Tania Guzmán: “A veces creíamos que el problema del campo era originado en el conflicto armado, y es un poco lo que muestra el informe en uno de sus capítulos. El conflicto es un factor, pero hay otros factores relacionados con la manera de cómo se concibió el modelo de desarrollo rural que incidió en que el campo perdiera cada vez más espacio en la vida política y por ende en el mundo económico. De ser un país con enormes capacidades, nosotros no sólo por el conflicto sino por el modelo de desarrollo productivo del mundo rural disminuimos cada vez más nuestra capacidad productiva y usamos mal los recursos”.

El informe consta de doce capítulos, en el primero se analiza el modelo de desarrollo rural y cuáles son los problemas que han afectado de manera estructural el campo. El segundo capítulo hace un análisis metodológico sobre cómo medir la ruralidad, proponiendo el índice de ruralidad, el cual deja de considerar el tamaño de la aglomeración como su principal variable, y pasa a tener en cuenta el tamaño con la distancia a centros poblados intermedios y mayores. Una conclusión importante al respecto es señalada por Tania Guzmán: “No es el 25% de la población rural, sino el 32%. Aún más importante es que el 75% de los municipios del país son municipios mayoritariamente rurales, es decir están regidos por relaciones propias de sociedades rurales, el municipio es la unidad básica y administrativa del país, y eso cambia completamente la dimensión. El tercer dato es que el 94% del área geográfica del país son áreas regidas por relaciones rurales. Esto nos permite decir que Colombia es más rural de lo que pensamos”.

Los capítulos 3 al 5 abordan la ocupación y uso del territorio, y la condición de los pobladores rurales, campesinado, mujeres rurales, pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas. Los capítulos 6 al 9 analizan la problemática agraria, la tierra y el conflicto armado. Los capítulos 10 y 11 la relación entre el Estado y el sector rural, y por último, en el capítulo 12 se exponen una serie de propuestas de política pública para el sector rural en dos granes frentes: Combatir la pobreza y desigualdad rural, y acabar con el conflicto armado a mediano y largo plazo, a través de cuatro grandes herramientas que son: desarrollo rural con rasgos característicos más incluyentes, una política integral de tierras, desarrollo institucional y provisión de seguridad más que ciudadana, seguridad humana. Para que la gente tenga oportunidades de vivir en el campo.

El impacto que ocasionó el informe después de su publicación superó ampliamente las expectativas en el posicionamiento del tema rural en la agenda pública nacional. Hubo cubrimiento de los principales medios nacionales del lanzamiento del informe, y hoy tres años después, aún se sigue tomando como referencia este texto que se considera clave en la proyección académica y de intervención para la sociedad rural colombiana en el S.XXI. Parte del equipo de trabajo que construyó este informe, asesoró posteriormente los diálogos de paz, con el acompañamiento de los foros regionales en la etapa de consulta para abordar el primer punto de la agenda: desarrollo rural. Así es que este informe logró reposicionar el abordaje de la problemática rural, no sólo en torno al conflicto armado, sino en la dimensión histórica del conflicto agrario que ha sido desconocido por el conjunto de la sociedad colombiana.

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